La derogación de la Ley de Alquileres trajo un fuerte perjuicio al bolsillo de los inquilinos. Con ajustes cuatrimestrales en algunos casos, la suba arrojó un aumento promedio de 70 por ciento según el Indice para Contratos de Locación (ICL).
Un alquiler para una familia tipo en la localidad de Tolosa, por ejemplo, pasó de 320 mil pesos en marzo a 549 mil en junio. Un delirio. Si la inflación continúa a este ritmo en octubre valdrá cerca de un millón de pesos, imposible de pagar para el laburante promedio.

La desregulación de los alquileres amplió un poca oferta en los primeros días pero disparó los precios y puso a los inquilinos en una situación de angustia y desesperación. ¿Qué sucederá con los que deben renovar sus contratos? ¿Se puede pasar de pagar un alquiler de 300 mil a 600 mil pesos de un saque y en un año rozar el millón? ¿Habrá containers guardamuebles para todos en el corto plazo si esto sigue así? ¿O el mercado disparará también el precio por la alta demanda y ni eso uno podrá hacer en el mientras tanto?
Desde diciembre pasado en la Argentina de Milei rige «la Ley de la Selva». Los propietarios imponen sus condiciones, las inmobiliarias no discuten un solo punto y los inquilinos pelean contra molinos de vientos cada vez más grandes, con el simple objetivo de no caer en la pobreza.
Aumentos trimestrales con el acumulado de inflación que marca el Indec -como si en este país los salarios aumentaran a la par de la nafta y los alimentos-, subas de hasta 50 por ciento semestral preestablecido sin ninguna variable, contratos de seis meses y hasta cláusulas insólitas como la prohibición del uso de una pileta de lona en el jardín como amenaza para romper el contrato. Estas, y otras más propuestas absurdas, reciben los inquilinos desde Milei dejó que el mercado maneje la vida de los que no tienen vivienda propia.
La realidad demuestra cada vez más que los precios de base de las propiedades están fuera de la economía de muchas familias, pero es tan baja la oferta que muchos agachan la cabeza y firman cualquier cosa. En la ciudad de La Plata un monoambiente arranca en 250 mil pesos mensuales y un departamento o una casa con dos habitaciones no baja de los 350 mil.
Parece lejano. Pero no hace mucho tiempo el sueldo alcanzaba para alquilar, ahorrar y algo más: la clase media cambiaba el auto cada tres o cuatro años, viajaba al exterior, salía a comer afuera como parte de la rutina y compraba pilcha de marca. La Argentina cambió, pero el cambió no fue para todos.











